Amor Youghurt

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Eres la mujer más indie del mundo, mi amor.

salen bocanadas de sulfuro de mi cuerpo

por tus cabellos,

uno a cada lado, unidos en nudo.

te amo en mi anímalo irredento,

afilado

se abren cascadas de amor sobre mi roca

bebo en tus bocas, insaciable.

mi amor, mi escultura, mi figura,

youghurt.

amor de profundidades cascadas.

vencido y vencedor en tu atalaya.

Por parecer un palomo

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El cuerpo lleno de palomas

la piel de plumas

la lengua de sal, mucha sal

las patas con uñas peladas

el vientre, inflado de calmantes naturales a su ansiedad.

su cabecita es una tierna yema de desequilibrio y pelo a ras.

un cachito de lengua se fue por el desagüe del buche cuando masticaba.

no le duele, prefiere non empastarse el trozo postizo.

al asomarse fuera del nido una cotorra la tomó por un palomo. La picoteó hasta echarla.

en la caída se desgarró los dedos.

el vientre depilado al tronco

la yema desparramada sobre las plumas

seguía conservando la lengua a trozos sobre un pico tronchado

su vida, estrellada, de plumas en tierra

así fue como tuvo difícil levantar su ánima en esta parte de la historia.

Y todo, por parecer un palomo.

Una extensa conversación de raudales

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Raudales,

una extensa conversación de raudales,

diluvio de sinsabores existenciales,

carencias de propiedad,

la lengua disoluta del ser fuera del texto

sangra la introducción y el desenlace.

No, no hablamos de  fotos, amor y peces

ni las nubes cubren el argumento

con su vid sanguinolenta.

El guadiana no se pierde y se encuentra

cada vez que uno lo compara consigo

ni bebe en una flor violeta de tu tronco.

Estamos y somos sin más

que palabras a raudales.

Raudales.

 

No era nadie, le ama porque no es nadie.

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,

No era nadie. Hasta entonces no vio que le amaba porque no era nadie.

Creo que amo tu personaje. Y lo amo con el corazón tanto como a veces lo odio.

Amo el vacío que es, y el lleno que eres

el tono lánguido y espinoso, el alarido de ave herida e irredenta, el látigo del ególatra empedernido

tu boca de tierno y sensible enamorado, tu pálpito inquieto y caótico

lo que me ha enseñado y me enseña, amo su todo.

Lo amo. Amo un vacío y un lleno, un absoluto y un nada.

Un sincero no te amo, un honesto eres mi Reina bañado en calma.

Hasta ahora no vio manifiesto que le ama porque no es nadie.

Siempre está a tiempo a deshoras.

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Las palabras no tienen edad, viven fuera del reloj
y dentro de las prisas, calmas, vendavales y sosiegos.
Las palabras siempre tienen razón y no la dan
porque les va su legitimidad en ello.
Las palabras no esperan, dan,
y en darse se ofrecen a ser interpretación
del estado y circunstancia del otro,
cómplice del ajeno, amigo del propio.

La palabra siempre está a tiempo a deshoras.